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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Rosquitas de Añoranzas

Ver y escuchar a una adolescente contar una anécdota familiar que trajo a colación gracias a un chocolate con canela que bebía en ese momento, me hizo recordar las ricas manducas hechas por mi abuela, sentí en ese momento como especie de un yunque recorrer mi garganta, las lagrimas abrazaron mis ojos e incontenidamente y visiblemente llena de nostalgia hable de las Manducas.

Al llamarlas por su nombre criollo, mis amigas citadinas quedaron como pajarito en grama por lo que debí explicarles que por los lados de Pto. Cabello, específicamente en El palito, paso obligado de Morón hasta Valencia, Edo Carabobo, lugar que seguramente abrían transitado para ir a las playas de Falcón, era muy característico las ventas de empanadas, pero lo más curioso son las de arepitas dulces.

Las manducas son típicas en San Felipe, estado Yaracuy, hechas con los mismos ingredientes de las arepitas dulces, con la diferencia que en esta región se le agrega el plátano maduro a la masa y se elaboran en forma de rosquitas.

No hay un sitio comercial específico donde se puedan adquirir, pero sin falta es muy frecuente que en los hogares sanfelipeños se hierva el papelón con el anís, en lo que este frio se tritura un plátano madurito crudo y se le anexa a la mezcla al igual que la harina de maíz, después de amasar bien se hacen unas tiritas como de un centímetro de grosor, y se une cada extremo en forma de roscón y es llevado inmediatamente a la sartén con abundante aceite caliente, es cuestión de minutos su cocción y son espolvoreadas con azúcar si el comensal lo prefiere.

Ideal esta deliciosa comida para las meriendas y hasta para los desayunos, acompañada preferiblemente con café guayoyito.

Las oyentes comparaban la receta con las rosquillas gallegas y otra cantidad de dulces españoles, a lo cual diferencié inmediatamente, el hecho de llevar plátano maduro le daba un toque personal y absolutamente autóctono de la región Yaracuyana y perecedera a través del tiempo.

Maiz: Oro en Grano

El maíz era un alimento básico de las culturas indígenas americanas muchos siglos antes de que los europeos llegaran a América. En las civilizaciones maya y azteca jugó un papel fundamental en las creencias religiosas, en sus festividades y en su nutrición.

Actualmente se cultiva en la mayoría de los países del mundo siendo la tercera cosecha más importante después del trigo y el arroz en la dieta popular.

Los granos, las hojas, las flores, los tallos, todo es aprovechado
para la fabricación de múltiples productos: almidón, aceite comestible, papel, edulcorante alimenticio, pegamentos, cosméticos, forraje, bebidas alcohólicas, levaduras, jabones, antibióticos, caramelos, plásticos e incluso, desde hace poco, se emplea como combustible alternativo a la gasolina, más económico y menos contaminante.

Este tesoro dorado es absolutamente reconocido en las tierras de María Lionza como ingrediente base de variados y ricos platillos muy consumidos por los yaracuyanos y sobre todo de uno muy típico que es la cachapa con queso de mano y cochino.

Recientemente visité una casa de vivienda rural en Camunare, tierra del barro y las vasijas, municipio Arístides Bastidas, Edo Yaracuy. La dueña de la casa, la señora Hilda, con 70 años a cuestas, piel tostada, cabellos lisos se ve que extensamente largos por un moño tipo cebolla que lo recoge y por su color cenizo, lleva 30 años sustentando a sus 8 hijos a punta de cachapa y hallaquitas envuelta en las hojas del jojoto, productos que elabora y vende en el patio de su casa junto a sus hijos quienes le ayudan a desgranar, moler, mezclar, cocinar, envolver y vender esos deliciosos manjares criollos.

La Sra. Hilda tiene además de 12 vacas lecheras en su enorme patio un pequeño sembradío de maíz y un rústico horno donde se aloja la madera usada como leña y sobre éstas las planchas donde cocinan las cachapas bajo una estructura hecha al descuido con columnas de troncos, techo de caña brava, piso de tierra oscura, el cual de vez en cuando es rociado con agua para no levantar sospecha.

Desde muy temprano se desnudan las mazorcas del maíz, tratando sutilmente su envoltura ya que es usada como vestimenta para las hallaquita. Luego de hacer ese proceso con más de 20 sacos, se desgrana esa vistosa mazorca con lo que se utiliza un cuchillo, seguidamente inicia la labor de disgregación del grano, cuando ya se ha molido en su totalidad trabajo que es largo y muy tedioso se empieza su preparación, el resultado debe ser una masa de aspecto un poco grueso y ordinario, por lo que se le debe agregar sal y azúcar al gusto y un poco de agua para que la mezcla quede con consistencia espesa, pero suficientemente fluida para que al colocarla sobre el budare se expanda por su propio peso.

La gente que acude al caserío en busca de cachapas puras, nada de ligas, tienen el placer de apreciar la elaboración, ver a la Sra. Hilda engrasar el budare con una tusa impregnada en aceite cada vez que se va a hacer rondas de cachapas, luego verter con un cucharón en las negras y brillantes planchas alrededor de una taza de la mezcla, extendiéndola un poco hasta formar una tortilla, que al crearse burbujitas en toda la superficie, es volteada con una espátula para cocinarlas por el otro lado hasta dorar. Aproximadamente 1 minuto por cada lado. Y por último las llevan hasta unos grandes paños donde las mantienen calentitas si es que no salen inmediatamente a la venta.

Un detalle que no olvidaré es que mientras esperas que estén listas las cachapas, que ya por el simple aroma sabes que serán toda una delicia, la robusta mujer mete entre la leña varias mazorcas para que se cocinen tomando un tono tostado, y las ofrece a sus comensales para que pasen la espera entretenidos devorando esos granos dorados con sabor a patio, a leña, a abuela y a tradición.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Comida tradicional Yaracuyana de ayer, hoy y siempre


Tierra húmeda en donde el más friolento se vuelve caliente, de costumbres sencillas e ingeniosas, con un pintoresco dialecto usado en la vida diaria e implementación de los más tradicionales juegos populares, de esa forma se presenta Yaracuy, de suelo pujante, proveedor de las más ricas y dulces frutas, verduras óptimas y la mejor caña de azúcar de la región.

La capital del estado, lleva por nombre San Felipe, que en otrora luego del terremoto de 1812, por su garra al no dejarse morir tras el devastador desastre natural, recibió por nombre San Felipe El Fuerte.

Desde su fundación, se conoce que las principales actividades económicas desarrolladas por los pobladores de estos dulces y húmedos valles, correspondían al cultivo de cacao, siembra de tabaco, conuqueros de maíz y frutos menores, así como trapiches de caña de azúcar y artesanos; refleja que en el presente siglo se han arraigado en el espacio geográfico los ya existentes y nuevos cultivos intensivos como lo son el maíz, el café, el banano y la caña de azúcar, así como la producción de frutas y legumbres destinadas al consumo local.

Yaracuy es un estado que se muestra tímido en cuanto a su desarrollo industrial y se ruboriza siendo el primero y uno de los más importantes productores de la palma africana, caña de azúcar y maíz. Sin olvidar la ganadería y lo que ésta deriva, ya que se ha convertido en la esmeralda del anillo, siendo este rubro uno de los más significativos en la región económicamente hablando, formando parte imprescindible de la gastronomía criolla yaracuyana.

Uno de los más tradicionales platos venezolanos para la época decembrina, la hallaca, según fuentes orales yaracuyanas, destacan que en esta ciudad se le incluye un ingrediente autóctono que son los quinchonchos, y esto debido a que estas tierras son ricas productoras tanto de cereales como de leguminosas. Igualmente se hace referencia a otra comida típica, que son las cachapas donde su principal ingrediente es el grano del maíz. En el mismo rango de los cereales, se consume regularmente el pastel de jojoto, así como la sopa de arroz. También es muy típica la dulcería a base de esos principales rubros, como lo es el pan de horno, la mazamorra, el majarete y el gofio. Dichos platillos son elaborados y consumidos desde épocas antiguas y su principal actor es el grano del maíz.

El plátano es un ingrediente fundamental en la cotidiana cocina sanfelipeña y yaracuyana, dejando de su sabroso dulzor un pastel de tajada, el churruchuchú, receta elaborada a base de plátano maduro en almíbar con especies dulces y queso blanco rayado, el pavito y los tradicionales cambures pasados. Eso sin dejar a un lado el plato típico del país que es el pabellón, que quizá en San Felipe se consumé mucho más en los hogares, acompañado de pasta, que sustituye al tradicional arroz.

Los bollos pelones, según fuentes bibliográficas e incluso audiovisual, se apoderan del número uno en la lista de la comida típica sanfelipeña, aunque muchos de sus pobladores no estén de acuerdo con ese nombramiento y sí apoyan la cachapa, la torta de pan viejo y la tradicional sopa de arepitas.

Es importante destacar toda la producción agrícola del estado y sobre todo de San Felipe, ya que por medio de ella se puede saber de dónde se originan, el porqué y si aún tienen vigencia sus platos típicos ente sus pobladores.

Sin duda hay una amplia variedad en cuanto a la comida típica y tradicional de San Felipe existente en épocas pasadas, y siendo así llama mucho la atención que no sean platillos arraigados y conocidos entre sus moradores en la actualidad, que cada cual reconozcan a algunos de estos ingredientes de forma aislada y no como representante de la cultura culinaria del estado y su capital, será que no hay sentido de pertenencia en cuanto a ese tema y que los yaracuyanos han adoptado platillos de otras localidades como suyos.

lunes, 24 de mayo de 2010

Visión Fugaz

Solo éramos un par de chicuelos de 8 y 9 años, jugando y peleando por el mejor puesto en la parte trasera del auto, mi madre sentada en el puesto de acompañante, entretenida con las cuentas por pagar y mi padre que conducía sorteando los profundos huecos de una carretera vieja, sola y desdichada, mientras regresábamos de un corto viaje.
Cuando de pronto escuchamos un chirrido ensordecedor, seguido de un batuqueo, que nos hizo movernos hacia adelante muy bruscamente, mi hermano y yo desde el asiento trasero creíamos que nuestro padre se estaba durmiendo y por eso el frenazo, la acción causó una franca sonrisa en nuestros inofensivos rostros , la que inmediatamente fue borrada por mi madre quien nos exigió con voz resquebrajada y angustiada que metiéramos inmediatamente nuestras cabezas al fondo, y que por nada del mundo nos asomáramos, desde luego que obedecimos aunque sin entender nada pero mientras lo hacíamos cruzamos miradas pícaras bajando lentamente a ver si nos daba tiempo de ver algo, pero solo alcanzo para divisar un bululú de carros, gente y luces
Sentimos que el auto se detuvo, y que voces agudas externas exigían auxilio, pedían que les llevaran a un hospital, gritaba una voz fuerte q había un mal herido, a lo que mi padre se excusó diciendo que traía dos pequeños atrás y que no podría ayudar.

Varias personas se asomaron en las ventanas traseras para constatar que lo recién escuchado era cierto, vi a un hombre bigotudo con ojos desorbitados mirarme intensamente, expresión que me asustó tanto que abracé a mi hermano, el cual se zafó con un desdén muy común de esa edad.

Escuchamos por parte de mi padre pronunciar un “suerte amigo”, seguido de un “Gracias” al cual le precedió un “siga adelante”, fue entonces cuando David y yo nos subimos poco a poco hasta el respaldar del asiento trasero del auto y observamos fijamente el desalentador panorama, algunas personas que detenían a los carentes autos que por allí circulaban, un carro blanco con un hueco en el capo y el vidrio resquebrajado, algo que parecía una bicicleta patas arriba a la que aún le corría la rueda trasera y por último y algo alejado de ese escenario, enmarcado en un rojo profundo que corría como un caminito hacía el nivel más bajo de la vía, el cuerpo todavía con signos de vida, asumo que de un hombre, al que aún le temblaban sus piernas, vestidas con un pantalón blanco leche que impresionantemente desde el vidrio trasero del carro no se veía manchado. Allí me quede pegada en esa visión hasta que vi que las piernas se dejaron de mover y quedaron inertes, la imagen se fue disipando mientras el auto seguía alejándose.
Miriam Barroeta

lunes, 18 de enero de 2010

Fritz


Como aquella que hizo volar mi corazón como un caballo desbordado y me hizo despertar al borde del abismo. Justo a Tiempo.

Y en ese ir y venir de la realidad lo que creías cierto, ahora es falso, y los recuerdos que en tu mente perduraban no son más que imágenes que otros ya han olvidado.
Y el pasado se mezcla con un presente líquido; con olas de voces perdidas, algunas calladas, para hacerte imagen nueva, para hacerte movimiento.

Después de tantas tristezas, vienen las sonrisas a granel, como reírnos de nosotros mismos, de lo que quisimos hacer y no hicimos.

Tantas sensaciones, tantos recuerdos…que añoranza, que tristeza, que felicidad, hasta lágrimas. Quiero muchas cosas que no tengo, que algunas las tuve y ahora, las deseo volver a tener…

No dejo de ver la acera, ojalá me dejara de ver a mí.


Cadáver exquisito

viernes, 16 de octubre de 2009

Reporte de Seguridad

Ella vestía de negro con voluminosos accesorios rojos, a su lado se encontraba un hombre, que llevaba un traje impecablemente elegante, daban tiempo pacientemente a que llegara el elevador en una torre de oficinas. En la espera, se escuchaba la bulla de personas que a su alrededor se movían, mientras que la pareja se mantenía absorta en un silencio oscuro inquietado de vez en cuando por un cruce de miradas distantes.

Después de tres minutos aproximadamente en espera, llegó el ascensor, cuando se abrieron sus puertas entro primero la mujer, con un tumbado en las caderas que fascinaba, se apoyó en un rincón mirándose en el espejo, le siguió el hombre, de ojos de color y mirada tan pesada como un plomo, quien al entrar se adueño del lugar y, en cuanto se cerraron las puertas e inició el desplazamiento, presionó su dedo pulgar con la tecla de PARE, seguida a esa acción se vio una sacudida, un temblor, donde la mujer debió sujetarse de las ranuras de metal, para no caerse.

De inmediato, con un gesto feroz en el rostro y un movimiento inquisidor en las manos, ella
reclamó al hombre por detener el elevador, éste sin dejarle pronunciar palabra, la enmudeció con un profundo y a la vez fugaz beso, al cual ella reaccionó confundida, aunque visiblemente a gusto.

Tras algún intento de la dama para hablar, el hombre la silenciaba con seductoras caricias, besos y suspiros que recorrían su cuello hasta llegar a sus labios y aunque ella se resistía, las acciones del hombre la desarmaban.

Arriesgándose a que las puertas del elevador se abrieran, el hombre susurro a la mujer “perdóname, te amo” y comenzó a acariciar los prominentes senos, así como las curvas de su cuerpo, fiel representante a las formas de una guitarra. Ella, se dejaba absorber por ese momento glorioso, lujurioso y atrevido, además estaba totalmente excitada, su piel parecida a la de una gallina lo respaldaba. La mujer al fin, se dejo llevar por el desenfrenado momento, esos dos cuerpos sudorosos se convirtieron en uno solo.

Desvestidos casi en su totalidad, los pantalones de él yacían sobre sus pies, en los cuales se vislumbraban zapatos negros pulidos, su camisa de lino blanco tirada en el piso cual coleto, pisada por los elevados tacones rojos que ella calzaba, mientras que su falda de pliegues, hacía las veces de bufanda sobre su largo cuello.

Después del acto que les llevo a penas diez minutos que parecían toda una eternidad, se vistieron sin mucho apuro, él saco entonces de su bolsillo un solitario montado en un aro de oro blanco, o por lo menos eso parecía, que colocó después en el dedo de la agitada y sudorosa mujer, ella lo terminó de calzar en su anular, que revelaba una sombra blanquecina como si a ese lugar hubiese pertenecido antes, asintió su cabeza como quien acepta un compromiso, le beso tiernamente y al mismo tiempo pulsó el botón de emergencia, que de inmediato emitió un escandaloso sonido similar al timbre de un colegio. Al dejar de presionarlo, las puertas se abrieron casi inmediatamente, prontitud que asombró a la mujer, pero aparentemente no le dio mayor importancia.

Ya afuera del ascensor, un agente de seguridad les instó a que pasaran por el departamento de servicios médicos de la torre, a manera de constatar que se encontrasen en buen estado de salud, a lo que el hombre indicó no era necesario, que tanto él como su prometida se encontraban en excelentes condiciones, que ya todos sus conflictos habían acabado, entonces procedieron a marcharse de la torre, tomados de la mano.

Al ver por las cámaras de seguridad que ya todo estaba solucionado y que querrían marcharse, abrí las puertas del ascensor lo más pronto que pude…. Así concluyo el reporte diario del Jefe de Cámaras de Seguridad de la Torre de Oficinas.
Miriam Barroeta

lunes, 29 de junio de 2009

La Culpa es de Luis...

Cuento Comunal

Ciudad, dama luminosa de alma oscura que abrigas temores y fantasías. Entre esquinas y faros de relucientes cocuyos y luz de neblina cruza la brisa.

Te busco en cada esquina, te busco en cada faro. He recorrido todos tus lugares, y aunque te pude encontrar, tú no quisiste verme. Ahora soy yo quien ya no quiere ser encontrado ni visto, en esta agitada ciudad.


Sin embargo, no dejo de pensar en ti. No puedo, te trato mal, te alejo, pero no puedo. ¡Te escurres como una imagen subliminal detrás de todo! Eso no era parte de mi plan. ¿Eres tú el que se ríe detrás de la luna? Abandona ese lugar, me rindo, tómame de nuevo.

Déjame fluir por tus calles, alójame en el túnel de tu mirada; permite que vuelva a tus plazas y enséñame, reinvéntame, volvamos a besarnos ahora que ya no importan los espejos. Ahora que no nos mira nadie instálate para meterme debajo de tu piel, calentarte en tus noches, olerte en el día y reconocernos cuando nos miremos.


Si puedes…sólo si puedes llenar tus ojos nuevamente de mí. Sólo si puedes recordar las texturas, los aromas, los sentidos que una vez te dejaron ciego. Y a veces pienso que no podrás. Como a mí te dolerá tanto que preferirás apresarme en tu memoria.


Y, hablando de memoria, ¿Alguien podrá recordar los nombres de todas las esquinas de Caracas?



miércoles, 24 de junio de 2009

Mala pero Buena


¡Hay cabida para todos, para los vivos, los muertos, para los pobres, los ricos, para los mentirosos, los infieles, los payasos, los niños, los grandes, los buenos y los malos!

Aunque hay mucho smoke y tráfico durante el día, y luces, muchas luces e inseguridad durante la noche, cuando estoy lejos ansío estar en ella, me da la sensación que al estar allí soy yo, también me siento cerca de lo que aún amo. Y pese a la contaminación y al ajetreo, todavía sigo teniendo cabida en ésta, mi ciudad.

Las muchas horas interna en una inmovible cola, me ayudan y a veces me hunden en una profunda pensadera, canto, lloro, hablo conmigo misma, hablo con Dios, lo mejor de todo es que él me contesta. Son momentos que antes de llegar a esta cosmopolita urbe, no vivía, paradójicamente no había tiempo.

Mi ciudad adoptada, la que en otrora fuera la de techos rojos, convertida actualmente en la urbe de altos rascacielos, además de cerros cundidos con ranchos simulando pesebre, también es la metrópoli de los tiroteos nocturnos, la capital de la matraca y viveza de los hombres de marrón y los uniformados azules. Una ciudad que me permite detallar a las personas que van en el vehículo de al lado e inventarles una vida, sin mencionar el hecho de bajar rápidamente los seguros del carro al acercarse un raro hombre o un motorizado.

Pese a todo lo que suena malo y lo peor, al vivirlo es desagradable, esta es mí adorada ciudad donde he disfrutado buenos y bellos momentos, recordados con mucha añoranza, aunque en ella también he vivido momentos tristes y negativos que quisiera olvidar y mí ciudad es tan noble y dinámica que en ella volveré a acariciar la felicidad.
Miriam Barroeta

martes, 9 de junio de 2009

Cuento Comunal


Se miró en el espejo y no sólo se vio, sino que descubrió doce cabezas más, todas mirándola e introduciéndose en su mirada y en su recuerdo. Entonces pensó que todo era demasiado natural, natural y predecible; y que hastiaba de esos descubrimientos cotidianos. Unos descubrimientos que quizá sean cotidianos para algunos, pero cuando soy yo quien lo descubre y quien lo vive, no son naturales sino atípicos. Duelen, pegan, hieren y lastiman. Porque el dolor no es cotidiano, es el umbral que debemos cruzar para crecer, aprender y entender que somos criaturas condenadas a traspasar esa frontera para tocar la gloria con la punta de los dedos, al menos en alguna ocasión. Umbral que es cada vez más bajo y accesible. A través del que nos mostramos, y lecho en que descansamos mientras morimos.

Pero nadie puede decir que no hay una luz al final, quizás, como el faro de un tren que viene desde lejos y se acerca y sentimos el temblor de las vías bajo los pies. Y justo antes de morir aplastados te arrodillas y cuando silencia la noche decides buscar tu propia luz. La luna se abre en una sonrisa de gato. La vida se te escapa con cada respiración. Tu piel se eriza porque presiente la muerte y entonces, lo recuerdas. Al llegar la muerte la pudo espantar aferrándose al recuerdo de su niñez. Cómo sustituía piscinas por tambores de petróleo llenos de agua, en los que pasaba el día remojándose hasta que la piel se le arrugaba tanto que volvía a la vejez, y se descubría espantando la muerte.

Era un círculo vicioso, eterno, donde la vida ganaba, siempre ganaba. Ella reía, entendiendo que el círculo vicioso era más divertido que la burla a la muerte. Cerró sus ojos y dejó que las gotas frías le cubrieran el rostro, el juego estaba terminando. Un juego donde perdió el último hálito de fuerza que su alma pudiera albergar. Cada gota petrificó sus sueños pero no su sonrisa, porque ésta surgió de la burla a la vida. ¿Qué importaba entonces la muerte? ¿Por qué te vas vida? No me has dado tiempo de hacer lo que quiero. No he dejado huellas para los que dejo y los que vendrán. No me has dejado descansar la cantidad de amor que me sobra. No quiero ser egoísta con mis sentimientos. Y ahí quedó sonriente, aunque intensamente todo su yo lloraba, gritaba, se desgarraba, porque aquél era el momento en que más viejo se sentía y ya no tenía más tiempo…

Raquel, Karina, Nathaly, Dafne, Miriam, Hernán, Nora, Margarita, Gisela, Remo, Nurit, Iliana

Nuestro Primer cadáver exquisito


Los doce labios se abrieron cuando llegó la tarde.
Es que si esto no es vida, entonces ¿qué es?

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?

Hoy hay oscuridad… mañana aunque se vea lejano, habrá luz y será mejor.
El amor es tan intenso que siempre te da una oportunidad para empezar de nuevo.

Me encanta saber que no estoy sola. Qué gusto poder abrir un espacio para la compañía.

¿How can I miss you, if you don´t go away?

Y es que entre poetas las alas se funden y los espejos se intercambian.
Pestañeó buscando el brillo en algún lugar de sus ojos muertos.

Vete lejos, vete silente, vete despacio, tan lento que mejor te quedas.

Vivir o morir, ¿cuál es la diferencia? Una tumba.


Raquel, Karina, Nathaly, Dafne, Miriam, Hernán, Nora, Margarita, Gisela, Luis, Iliana

martes, 2 de junio de 2009

Alas Desiertas


¿Cómo sentirse solo cuando tienes mil personas a tu alrededor? Hablando de modo general, vas caminando por la calle y al mismo tiempo van también muchas personas bien sea en tu mismo sentido o en el opuesto.

Llegas a casa y te ves conviviendo con dos, tres y hasta cuatro personas, pero aún así te sientes solo.


Escuchas el radio y hay alguien que habla, que quizás te habla a ti, y entonces sientes un ruido y miras a tu alrededor, en ese instante buscas en el fondo de tu bolsillo y sacas un celular que suena inquietantemente y aunque te sigues sintiendo solo, te das cuenta de que hay alguien en alguna parte del mundo queriendo hablar contigo y sientes que no es con ninguna de esas personas con quienes quieres hablar. Es tan fuerte el vacío que ni el contacto con Dios te llena.


Me pregunto ¿Como es que si Dios debía ser todo para nosotros, no nos hace sentir completos en estos momentos? Tiempos, en los que al único que queremos tener a nuestro lado para ver y escuchar es a esa persona que amamos.


Entonces caes en la realidad, tu realidad y te ves sumergido en un negro agujero, profundo, sin fin, con ganas de nada y aunque no tienes el más mínimo deseo de dar un paso adelante, esas muchas personas que te acompañan, tratando de alentarte, te incitan a despertar. Y te das cuenta de que esas personas que no son ajenas y a las que les preocupas, no merecen sufrir por ti y es cuando abres un paréntesis y retomas tu vida, pero para que eso sea aún mas certero, te lo debes creer y es en ese momento cuando decides hacer cambios exteriores e interiores.


Ahora sí puedes tener un nuevo comienzo, que no se sabe hasta cuando será, cuánto durara esa determinación y mucho menos cuándo volverás a caer en ese oscuro hueco llamado soledad.

Miriam Barroeta

Mi Soledad


Todo negro como un azabache, todo borroso cual pupilas dilatadas. No puedo descifrar, no puedo distinguir nada.

Hay vacio, hay pena, hay confusión.

No quiero estar aquí, no así, tengo miedo. Me siento sola, tal vez con la luz podría sentirme mejor.

Alguien ajeno o cercano a mi, no se aún, no lo descifro, me dice que quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo entre una multitud atareada.

Entonces, yo le digo que lo se, que tiene razón, pero que en este caso yo me siento muy sola incluso cuando estoy sola y cuando me encuentro entre una multitud, no quiero estar acompañada o por lo menos no estar con todo el mundo, así sean todos los que me aman. Egoístamente, solo quiero estar poblada de una sola persona en mi soledad y así mientras este en un conglomerado podría saber aislarme y aprender a disfrutar mis soledades.



Miriam Barroeta