
sábado, 27 de junio de 2009
La Evidencia

jueves, 25 de junio de 2009
El Vestido de Organza Blanca
Embriaguez
Mi Soledad
Voces y Equipajes

miércoles, 24 de junio de 2009
Mala pero Buena

jueves, 18 de junio de 2009
Mi Ciudad
Hacía tiempo que no la visitaba. No supe cuanto la extrañaba hasta estar de vuelta. Estaba allí, tal como mi memoria había prescindido de ella. Ahora que miro con claridad sus límites y alrededores, puedo visitar con los ojos cerrados cada uno de sus rincones, escucho como la recorre el viento, como la equilibra el latido de su ritmo, percibo el olor de cada lugar, me rozan sus lisuras y asperezas, el sabor de todo lo que entra en ella.
Hace unos años que me fui. No recuerdo bien ahora, cómo ni por qué. Buscando compañía, me mudé a una ciudad ajena. Pasaba en ella todos mis días. No supe cuando ni de que manera se fueron borrando los límites y comencé a vivir en algún alrededor. Los aromas y sabores de tan picantes se volvieron sosos, siguiendo una melodía fui olvidando su ritmo; unos latidos apresurados y el desordenado viento me impedían escucharlo.
Tuve miedo de estar enloqueciendo. Había perdido la memoria, ahora ocupada por esa otra ciudad. En un intento por orientarme cerré lo ojos y noté que había olvidado como respirar. Tomé aire; quieta comencé a sentir como la brisa acariciaba cada recodo y una corriente tibia iba poblando sus largas calles circulares. Poco a poco fue regresando el sonido, el tan tan de su funcionamiento íntimo, sus olores, el dulce y amargo humedecidos de todo lo que la alimenta.
Estaba de vuelta. Podía sentir compasiva su dolor y su angustia. Podía mirar sin resistirme, los baches en sus calles aguardando a ser reparados, la soledad de sus fachadas clamando matices, la desnudez de sus jardines en víspera de primavera, esperando por mí.
Mi ciudad Cosmopolitan es también y al mismo tiempo, una vecindad habitada por muchos y variados personajes, que van dibujando paisajes en permanente remodelación. Tiene seis ciclos diarios de cuatros estaciones, cada uno de los 365 días del año y sin embargo, todo en ella me es familiar e íntimamente conocido. Mi barrio, mi calle, mi casa, mi cuarto, mi cama, mi almohada… Con un suspiro placentero me alivio y la recorro; la encuentro silenciosa y plena de movimiento. Mi ciudad es larga y llana y tiene los ojos verdes.
Musa en Madrid

Quisiera ser una musa
despreocupada
adorada por el pincel de Goya
dueña de las galerías de El Prado
Mi espalda descansando
sobre un diván que no conozco:
abrazo de seda, tersa, helada,
las caderas estremecidas por la mirada del pintor
Quisiera ser humana
concebida por la prosa de Neruda,
mis curvas narradas por su lápiz apasionado,
las manos reposadas enviando mensajes
códigos que se descubrirán más adelante
ante otros ojos, tal vez los de Cervantes
cartas que alcanzarán la costa
después de navegar muchos mares
Pero soy estrella
percibida por la mirada de los poetas
sólo de noche, cuando la materia desaparece entre las sombras
cuando la luz de los museos se escapa por los ventanales
y mi cuerpo celeste titila desde otras galaxias.
Todo el Mundo en Tus Calles
Caracas: mi Constantinopla, mi ciudad imperialCaracas: mi mayo francés, mi universidad
patio de recreo, café de Roma, tertulia insomne
Coloso urbano, aldea de mis afectos
Saigón y Nueva York, Moscú y París
en tu geografía despiertan
Torres donde he vivido:
pequeñas y grandes ventanas
que han sido mis ojos
desde ellas he mirado el árbol que no me pertenece
el almuerzo y la siesta del vecino
la tristeza irreverente del suicida
Caracas de Chaguaramos, Jabillos y Mangos
cientos de Metros recorren mis colegas urbanos
cientos de horas discurro en tu tráfico jugando ajedrez conmigo misma
(reina en mi tablero me escondo para no verte pobre, sucia y pavorosa)
Un río que es una herida
una montaña que es la gloria y desde ese verde feroz: un aeropuerto
Ciudad de marcha valiente. Autopistas que funden la sangre de todos
Caracas de Soto, Cruz Diez y Narváez,
cinéticos caobos que refrescan a los peatones de domingo
plazas que acogen besos y discursos
te he llevado a Bogotá y París, a ¡Frankfurt!
Ciudad del amor, el arte y la poesía
como un pergamino que releo a veces
llevas registro de los besos que me han dado
tantos como tus quebradas y esquinas
Urbe sin muros, envidia de Berlín
Vuelve a nosotros, déjate caminar otra vez
como si fueras Barcelona, acude a tus maestros
invita a Madrid a tu mesa
Alma de concreto, a veces Detroit, otras Manaos
Eres todo el mundo en tus calles
y el mundo todo
-ingenuo, violento y feliz-
aguarda por tu renacimiento.
Buenos Aires
Ahora, en Buenos Aires, hay un hombre en un café.
Lo acompaña la caricia en el tobillo
ha extraviado el beso de puerto que encontró ayer.
Ahora, en Buenos Aires, hay un beso que vibra en la brisa
sin dueño
ni mensaje.
Aquí, en mi bahía
la esquina de mis labios se contenta
con el té de las buenas tardes.
La libélula de la alegría despeina una pestaña
como si un beso fugitivo, en un rapto de entrega,
hubiese descubierto mi belleza.
Barcelona

Un tipo besa a su hija en la frente,
es domingo por la tarde.
De pie en la calle de Los Cuatro Gatos
alegre y desdibujado él
como si Picasso estuviera borrándole algo
se despide y quiere dejarle todo el saber del mundo en sus manos
Ella, la hija, es irreverencia, es inocencia
es Miró y Braque beligerantes y desparramados
sobre el lienzo vitralizado de la Barceloneta
muros tantas veces rayados, testigos de todas las injusticias
Se instala la rabia, nuevamente la soledad
sabe que -océano aparte- él tiene una vida
continente adentro, ella regresará a su ventana
y mirará el mercado, la calle. Desde el autobús: Gaudí.
Avanzan divergentes sus pasos, también sus genes
Van casi felices. Volverán a verse
Cuándo y dónde ya no importa.
A Veces
A veces, en el ascensor
sólo somos dos extraños:
Dos absurdos,
como la humanidad que sube y baja.
Azotados por un huracán de negaciones,
contemplamos el reloj,
para evitar nuestras miradas.
A veces; bajo la dicha del árbol en la plaza,
quiero contarte mi vida, mi infancia y lo que quiero…
pero volteo y te miro callada y ausente
y entiendo que estás fuera de mi vida y de mi tiempo.
Pero justo en ese instante te volteas
y me obsequias la alegría de tus grandes ojos negros…
como un relámpago imprevisto me capturas
y sonríes apenada y nada puedo
decir cuando me dices :«¡Perdón!»
por no haberme escuchado.
Como una ola vas y vienes, no te cansas,
de llegar a mis arenas y volverte
hacia el mar invisible hecho con tus pensamientos
cada vez que volteas tu mirada.
Hernan Lameda
lunes, 15 de junio de 2009
La Tragedia de Angustia
Ser Rico es Malo
Existió, hace muchos siglos, un reino al cual el creador le fue infinitamente generoso. Lo pobló con personas amables, educadas y muy trabajadoras. Lo dotó de preciosos paisajes, grandes extensiones de tierras fértiles, abundante agua, un clima tropical extraordinario, diversidad de animales, todos los minerales existentes y, en especial, uno que Dios colocó por todos sus caminos. Éste era de color negro y sus habitantes lo llamaban Mene.
De un momento a otro, el Mene comenzó a ser muy codiciado por todas las naciones que no lo poseían. Era tanto así, que el resto del mundo estableció relaciones comerciales con este hermoso territorio, al que consideraban privilegiado por tener abundancia de este mineral. Dicho comercio le generó inmensas riquezas materiales que lo llevó a convertirse en un pueblo muy rico.
Con el pasar del tiempo, sus ciudadanos fueron perdiendo el interés por el trabajo ya que el dinero les llegaba muy fácilmente por la venta del Mene. Además, el rey y su corte repartían por doquier: comidas, casas y enseres para satisfacer las necesidades de su reino. Por este gesto sus ciudadanos lo veneraban como a un ser supremo, puesto que les solventaba sus más mínimas exigencias. Sólo tenían que hablarle y él les enviaba un emisario para que les complaciera su petición. Incluso, a veces iba personalmente a escuchar sus quejas.
Un día las cosas comenzaron a cambiar, el Mene ya no era tan codiciado. Perdía mucho valor en los mercados y los recursos que ingresaban por su venta, cada vez eran menores. El rey comenzó a impacientarse porque ya no tenía suficiente capital para complacer las constantes demandas de sus súbditos. Fue tanta su preocupación que muchos creyeron que se había vuelto loco. Hablaba a cada momento a sus ciudadanos para decirles que todo continuaría igual, que la merma de dinero no afectaría en nada y seguiría dándoles lo que ellos les pidieran.
Al cabo de varios meses, la situación empeoró. Los pobladores comenzaron a protestar por todos los lugares ya que no les llegaban los recursos para suplir sus necesidades. El país era un caos. Fue tanto el desconcierto que el rey viajó a una isla cercana, donde vivía un viejo rey que muchas veces le había aconsejado. Quien, además, le tenía asignado sus más fieles guerreros para que lo protegiera de cualquier magnicidio. Ambos, deliberaron por más de un mes. Llegaron a la conclusión que la única manera para lograr que la nación se recuperara y volviera a su anterior estilo de vida, era que todos sus habitantes comenzaran a trabajar, deberían producir lo necesario para su subsistencia. En pocas palabras, se ocuparan de ganarse la vida.
Esta propuesta fue rotundamente rechazada por todos, ya que su rey siempre les decía que ellos eran inmensamente ricos por tener mucho Mene y no necesitaban trabajar. Por tanto, consideraban que la riqueza del suelo era suficiente para suplir todas sus exigencias y muchos más. Ellos demandaban que el rey buscara otra solución más beneficiosa, siempre y cuando ésta le permitiera llevar la vida que hasta ahora habían tenido: se habían acostumbrado a tenerlo todo sin trabajar.
Esta posición del pueblo complicó aún más la situación. El país se volvió pobre. Aumentó la delincuencia, la desidia y el descontento. El rey perdió popularidad y ya no lo adoraban como antes. Se volvió gruñón, grosero con sus súbditos y no los complacía. Fue tanta la anarquía generada, que todos los ciudadanos prefirieron morirse de hambre, antes que ponerse a trabajar. El resultado final fue que el hermoso reino… ¡desapareció!
Aquiles Peña